Los trascendentales cambios en el carácter del trabajo están determinados, por las nuevas tecnologías, la organización de las empresas, pero sobre todo, por las profundas transformaciones socioculturales donde las modificaciones en las relaciones de género son protagonistas, y aquí hacemos especial hincapié a la introducción de la mujer en el mundo laboral.
El índice de participación de las mujeres en el mercado de trabajo ha sido creciente, a lo largo de los últimos años se ha detectado la presencia creciente de mujeres con una elevada preparación en el mundo laboral público y privado, las mujeres con una titulación superior encuentran, en general, una realidad menos discriminatoria por razones de género en el ámbito de la administración del Estado que en los empleos privados. Cada vez se escribe más sobre las empresarias y las ejecutivas, mostrándolas como prototipo de los avances de las mujeres en el mundo laboral.
El acceso de las mujeres al mercado laboral puede representar un progreso respecto a condiciones previas, al aumentar su autonomía personal y económica y mejorar, de este modo, su capacidad de negociación al interior de la pareja y familia. La generación de ingresos propios, la ampliación de las relaciones interpersonales y el aprendizaje de nuevas competencias debilitan la habitual dependencia de las mujeres respecto de los hombres, y dirigen las relaciones sociales de género existentes hacia otras con mayor potencialidad de equidad.
Las características del sistema de relaciones de género propio de las sociedades actuales no sólo llevan a que hombres y mujeres entren en condiciones de desigualdad al proceso de reorganización del trabajo hoy en curso. Además, se ven afectados de diferente manera por dicho proceso, dado que su característica determinante, la flexibilidad, se apoya en una estructura de relaciones sociales desiguales entre los géneros. De manera bastante clara, la inequidad de género pasa a formar parte de la estrategia flexibilizadora del mercado laboral, que se apoya en la necesidad de las mujeres de compatibilizar trabajo remunerado y trabajo reproductivo y en la segregación sexual del mercado de trabajo, con ocupaciones masculinas y femeninas a las que se atribuye distinto valor.
Para las mujeres el empleo atípico o flexible es atractivo, en la medida en que les permite ejercer un trabajo remunerado que es a la vez compatible con las tareas de cuidado, culturalmente asignadas al sexo femenino. Influyen en esta dirección las necesidades monetarias de las familias y el deseo de muchas mujeres de autoafirmarse y generar ingresos propios.
Estrategias sociales, políticas y comunicacionales para enfrentar la desigualdad
El ingreso de la mujer al mundo laboral es una de las deudas sociales que aún persisten en nuestro país, por lo que son necesarias políticas públicas que posibiliten que la mujer pueda salir de su hogar y acceder a un empleo, que logre conjugar la educación y cuidado de sus hijos, y una actividad laboral que le permita generar mayores ingresos a la familia.[1]
Es importante que las mujeres continúen ganando espacio laboral, pero sin que se proyecte la desigual distribución por géneros de los dos tipos de trabajo -para el mercado y reproductivo- sistemáticamente a futuro, como ocurre hoy en día.
A la hora de diseñar y emprender políticas de regulación de la flexibilidad, deberá tomarse en consideración que mujeres y hombres participan de manera diferente en el trabajo productivo y reproductivo. Esto es, al identificarse campos y modalidades de promoción, protección y regulación del empleo flexible, las políticas aplicadas debieran contener criterios para impedir que se perpetúen la discriminación y la segregación de género dentro y fuera del mercado laboral.
Por el momento, una revisión crítica de las políticas de empleo, familia, salud y otros en Chile, muestra que el objetivo de cambiar la específica división sexual del trabajo carece de suficiente prioridad política. El interés está dirigido en primer lugar hacia el crecimiento del empleo femenino.
Machismo
El tema del machismo aun en el siglo XXI, en el que estamos viviendo, las mujeres no han podido avanzar en compartir mejor las tareas domésticas, lo que afecta especialmente a las mujeres que trabajan y que han logrado avances importantes en materia laboral. Y éste es un problema de mentalidad general, que afortunadamente está cambiando con las parejas jóvenes, pues ellas tienen más posibilidades de lograr un equilibrio.
Desigualdad
Las mujeres continúan siendo discriminadas por una sociedad que a pesar de su modernidad aún rehúsa reconocerlas como activas agentes productivas dotadas de iguales derechos que los varones, además los empleos accesibles son precarios y mal pagados. La consideración de que los puestos de trabajo bien pagados son para los varones sigue vigente. [2]
Abrirse espacios en el campo laboral en esta sociedad tan competitiva, donde las mujeres deben combinar el trabajo con la casa, con el marido y con los hijos no es nada fácil. La discriminación no es sólo salarial.
Existen otros elementos de discriminación entre hombres y mujeres, además del salarial. Algunos son externos al ámbito de las relaciones laborales, aunque a través del diálogo social, podemos contribuir a modificarlos y avanzar en el objetivo de corregir las desigualdades que existen en las condiciones laborales de hombres y mujeres.
Los principales problemas que tienen hoy las mujeres en el mercado de trabajo son:
- Altos niveles de segregación laboral por sexos
- Mayor temporalidad
- Insuficiencia de servicios sociales de calidad y asequibles para la atención de los hijos o de las personas dependientes
- Factores socioculturales y familiares que condicionan sus opciones formativas, de ocupación y de vida, dificultando su acceso al empleo, permanencia y desarrollo profesional.
Y en los sectores de menores ingresos
El trabajo en los sectores de menores ingresos donde chicas muy jóvenes que cobran salarios muy bajos, y no gozan de ningún tipo de protección legal. El mundo rural ha visto crecer el número de talleres clandestinos, que ofrecen una alternativa ante la falta de trabajo en la agricultura y se benefician de una mano de obra que no está en situación de plantear fuertes exigencias laborales.
Desafíos de las mujeres
La satisfacción vendrá cuando se reconozca que somos la mitad de los habitantes de este país y que tenemos los mismos derechos. Cuando tengamos oportunidades similares de acceder al mundo laboral, ingresos equivalentes y cuando ya no exista la violencia en contra de las mujeres. Para esto se deben proponer espacios de discusión para plantear las posibles soluciones que nos aquejan, para poder alcanzar beneficios de posibles nuevas leyes nosostras y las mujeres que vendrán en el futuro tengan empleos mas dignos.


Esa informacion no sirve de mucho, cambiala n_n
nesesito para mi taea porfa